Una niña me dijo un día que yo sabía cuidar muy bien a los niños. Ha sido quizá el mejor elogio de mi vida. No sabría explicar, sin embargo, cómo fue creciendo en mí esa especial sensibilidad hacia el cuidado y la protección de la infancia, que siento como un mandamiento ineludible. Quizá arraigó en los primeros años de la mía propia, cuando comprendí tempranamente lo que significaba hacerse cargo de hermanos menores y huérfanos. No sé si esa conciencia me llevó a dedicarme al mundo de la educación y, particularmente, al de la promoción de los libros y la lectura, labor que he ejercido como profesor universitario y como fundador de la Asociación Entrelibros, Premio Nacional al Fomento de la Lectura 2019. Los muchos reconocimientos públicos que he recibido por mi actividad en favor de la lectura y la literatura no me han proporcionado tanta dicha como la que provocaron en su día las palabras afectuosas de aquella niña.














